Misericordia con los migrantes

No es casual que este año la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado coincida con el Jubileo de los Migrantes, a propósito del Año de la Misericordia.

Cada migrante, con su historia, su familia, su cultura, sus arraigos y desarraigos, flagelado por la violencia, el terror, la guerra, la persecusión, las leyes o la miseria, en las más diversas circunstancias –desplazamiento, deportación, refugio…– es uno de “los rostros más sufrientes que nos duelen”, como se asumió en Aparecida –lo mismo que las personas que viven en la calle, los enfermos, los adictos dependientes y los detenidos en las cárceles– y, por tanto, son sujetos privilegiados de misericordia que interpelan la acción pastoral de la Iglesia y la responsabilidad social, política y cultural de la ciudadanía, particularmente de los gobernantes.

Así se expresó en Aparecida: “la Iglesia, como Madre, debe sentirse a sí misma como Iglesia sin fronteras, Iglesia familiar, atenta al fenómeno creciente de la movilidad humana en sus diversos sectores. Considera indispensable el desarrollo de una mentalidad y una espiritualidad al servicio pastoral de los hermanos en movilidad, estableciendo estructuras nacionales y diocesanas apropiadas, que faciliten el encuentro del extranjero con la Iglesia particular de acogida” (DA 412). Por eso, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, se prolonga en las parroquias, en los colegios, en las Conferencias Episcopales, en las diócesis, en las Comunidades Eclesiales de Base, en los movimientos eclesiales, y en cada espacio en donde “la alegría del Evangelio” anima la profecía del amor misericordioso hacia los más pequeños, vulnerables y desheredados.

En este sentido se comprende que “entre las tareas de la Iglesia a favor de los migrantes está indudablemente la denuncia profética de los atropellos que sufren frecuentemente, como también el esfuerzo por incidir, junto a los organismos de la sociedad civil, en los gobiernos de los países, para lograr una política migratoria que tenga en cuenta los derechos de las personas en movilidad” (DA 443), tal como acaba de ocurrir en los Estados Unidos, donde la Iglesia manifestó su descontento ante los atropellos que están viviendo cientos de familias centroamericanas –principalmente niños y mujeres– perseguidas y deportadas.

De estos desafiantes asuntos da cuenta la edición No. 109 de Noticelam. También se ofrecen algunas informaciones que bien pueden asumirse como subsidios pastorales, por ejemplo el video-clip producido por la arquidiócesis de Huancayo, en apoyo a la encíclica Laudato Si’, y el video-mensaje del papa Francisco a los educadore católicos, con ocasión del 24º Congreso Interamericano de Educación Católica. En Panamá, los obispos apelan por una cultura libre de corrupcción e impunidad, en Brasil se celebró un curso ecuménico de formacion litúrgica-musical, y dos obispos retroalimentan, con sus reflexiones, las enseñanzas del Sumo Pontífice en contextos latinoamericanos y caribeños. Finalmente, el DEJUSOL-CELAM y el SELACC proponen un seminario para abordar los desafíos de la pastoral social en América Latina y el Caribe, a la luz del pontificado de Francisco, mientras que el Departamento de Familia, Vida y Juventud del CELAM articula y proyecta sus programas para el cuatrienio 2015-2019.

La invitación de Francisco a los migrantes a “no dejarse robar la esperanza” es también un llamado a todas las personas que pueden contribuir a globalizar la misericordia con gestos y acciones de humanidad y de Evangelio a su favor, en “salida misionera”.

(NotiCelam - Editorial 22 enero 2016)

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